El Polo y las elecciones
Por
León Valencia
Los triunfos del Polo Democrático Alternativo en Bogotá y en Nariño fueron realmente espectaculares, tanto, que lograron tapar los enormes errores que se cometieron en las demás regiones de Colombia y las grandes carencias que aún tiene este agrupamiento de las izquierdas del país.
En la Capital y en la tierra de los pastusos, el Polo, con figuras reconocidas por la opinión y con una política de alianzas amplia y generosa, logró propinarle graves derrotas a la coalición uribista que puso como cabeza de playa de la campaña al Presidente de la República.
Algo totalmente contrario ocurrió en Cali y Medellín. Bruno Díaz se fue para Cali, donde nunca había hecho política, y armó una estrategia para no permitir que toda la izquierda se agrupara alrededor de Jorge Iván Ospina, un hombre de las propias filas, que a la postre resultó vencedor en un mano a mano fascinante con Francisco Lloreda.
La decisión no pudo ser más torpe. El Polo perdió la oportunidad de ser la fuerza más importante en la coalición que gobernará la tercera ciudad del país y terminó con su fuerza fracturada porque buena parte de sus militantes se fueron a votar con el candidato ganador.
En la capital paisa el Polo presentó un candidato que a la postre sacó menos de la mitad de la votación obtenida por la lista del concejo de este partido y no aprovechó la posibilidad de sumarse a la alianza que logró configurar Alonso Salazar para ganarle a Luis Pérez. También allí una parte de los miembros del Polo no tuvieron otro remedio que vincularse subrepticiamente a la campaña de Salazar.
En Cartagena el Polo se salvó de hacer el ridículo porque Rafael Vergara, en contravía a lo que decían las directivas del partido, renunció a su candidatura y se sumo a las aspiraciones de Judith Pinedo, quien dio la mayor sorpresa de la jornada electoral al derrotar al candidato de toda la vieja clase política de la ciudad amurallada.
Las decisiones de poner candidatos propios y buscar en solitario las alcaldías y gobernaciones con militantes sin mayor conexión con la opinión pública fueron impulsadas principalmente por el Moir y el Partido Comunista en el interior del Polo y avaladas por Carlos Gaviria.
Se trataba, decían, de consolidar la influencia directa de la izquierda en el país. Pero el resultado ha sido todo lo contrario, en la mayoría de las regiones y ciudades la izquierda se mantiene en la marginalidad. No se supo aprovechar el fenómeno de opinión que se formó en las elecciones presidenciales cuando Gaviria logró arrastrar más de dos millones seiscientos mil votos, ni se explotó el hecho fabuloso de tener la alcaldía de la capital.
El guión que siguió en todos los lugares fue encerrarse en las propias filas y postular candidatos a todos los cargos, así estos aspirantes no tuviesen posibilidad alguna. En mitad de la campaña muchos dirigentes del Polo hablaban con orgullo de que habían llegado a seiscientos municipios, pero la votación general sólo alcanzó un poco más del millón -si se contabiliza la de concejo o la de asambleas- los diputados apenas suman 14, los alcaldes 20 y nueve son de Nariño.
Será muy difícil que quienes forzaron estos errores reconozcan su responsabilidad. Ya empiezan a argumentar que los candidatos que se negaron a apoyar tenían alianzas non sanctas o no hicieron ningún gesto para atraerlos. No quieren aceptar que habían podido contribuir al triunfo de dirigentes con un alto grado de independencia que seguramente tenderán a gobernar con criterio propio y propiciarán el fortalecimiento de nuevas fuerzas políticas.
La realidad dura y pura es que el Polo está obligado a cambiar su política si quiere crecer y postularse como alternativa real de poder en el 2010. Tiene que abrir de par en par las puertas del partido para atraer a personas honestas y reconocidas por la opinión a sus filas, tiene que forjar una política de alianzas que le permita coaligarse con otros grupos que, sin coincidir plenamente con el ideario de la izquierda, tienen un pensamiento progresista y alejado de la parapolítica.
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