Mirringa Mirronga

CARLOS ANDRÉS ECHEVERRY RESTREPO

Mirringa Mirronga, Martica candonga
va a dar un convite jugando a me eliges,
y quiere que todos ratones y ratas
le den sus perdones por ser muy ingrata
A ver mis anteojos, y pluma y tintero,
y boto la firmas tomadas primero.
Que vengan las Elsas y sus Elsariños,
y Valencia y Patiño y Aguirre y sus niños.
Ahora veamos qué tal la alcaldía.
Juan poco deja, ¿por eso se iría?
Contratos y puestos me van a faltar.
¡Ojalá Israel no me vaya a escuchar!
Venid mis michitos Habib y Carmona.
Id volando al cuarto de Marucha la mona
por más escudillas y otras bandejas
que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.

Venid mis michitos Carmona y Habib,
traed a tus hijos y al dindirindín,
¡y zape, a la campaña! que faltan volantes
y prensa y vallas y muchos votantes.”

¡Cuidado!, patitas, si el suelo me embarran
Que quiten el polvo, que frieguen, que barran¡
Las flores, la mesa, la sopa!… ¡Tilín!
Ya llega la gente. ¡Jesús, qué trajín!”.
Llegaron en coche entrada campaña
cien mil manzanillos de toda calaña,
en grande uniforme, de cola y de guante,
con cuellos muy tiesos y frac elegante.

Al cerrar la puerta Martica la firme
le olió el cuarto a azufre y estuvo pa’ irse,
mas sintió el poder y dijo “¡Miaao!
¡Este es un banquete de pipiripao!”

Con muy buenos modos se hicieron los tratos,
tomaron los puestos y alzaron contratos.
De todo les brinda Mirringa Mirronga:
– “¿Le sirvo a Energía?” – “Como usted disponga,
y yo a usted el Matecaña, que está delicado”.
– Pues tanto le peta, no gaste etiqueta:
“Repita sin miedo”. Y él dice: – “Concedo”.
Mas ¡ay! Santa Ana se le atasca indina,
y Adriana la tejedora que es habilidosa
metiéndole el fuelle le dice: “¡Resuelle!
“Luego Martica le golpeó en la nuca
y pasó al instante el avión del diantre,
sirvieron los postres y luego el café,
y empezó la danza bailando un minué.

Hubo vals, lanceros y polka con brío,
y Soto que estaba apoyando al judío,
enreda en las uñas el traje de Martha
y ambos van al suelo y ella casi se infarta.
Maullaron de risa todos los danzantes
y siguió el jaleo más alegre que antes,
y gritó Mirringa: “¡Ya cerré la puerta!
¡Mientras no acabe esta alcaldía, ninguno deserta!”

Pero ¡qué desgracia! esta vez no entró doña Engracia
y no armó un gatuperio ni un poquito serio
siguieron comiendo chorizo de tío Pegadizo
y haciendo las cenas con tortas ajenas.

1 Comentario »

  1. 7 September, 2007 — Maria Teresa Vasquez Z — Escribió

    Me parece que los temas los tratan con muy poco profecionalismo a nivel de escolares, con lenguaje poco apropiado para gente que supuestamente esta dirigiendo o apunto de dirigir nuestros destinos politicos.

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