Luto por los once diputados asesinados
Camilo González Posso *
Tomado de EL TIEMPO
Ojalá se desencadene una movilización contra la guerra, por la libertad de los secuestrados y el cese de rescates.
En este país de miedo no se agotan la tristeza ni las rabias. Ahora nos toca leer el siniestro comunicado del Comando conjunto de occidente de las Farc, que, con lenguaje forense, informa que el día 18 del presente mes, “11 diputados de la Asamblea del Valle que retuvimos en abril de 2002 murieron en medio del fuego cruzado cuando un grupo militar sin identificar hasta el momento atacó el campamento donde se encontraban. Sobrevive el diputado Sigifredo López, quien no estaba en ese instante junto a los demás retenidos”.
Como toda explicación, este comando de las Farc se lava las manos, elude su responsabilidad y la traslada solo al Gobierno: “La demencial intransigencia del presidente Uribe para llegar a un intercambio humanitario y su estrategia de rescate militar por encima de toda consideración conlleva a tragedias como la que estamos informando”.
Parece vano recordar a esta hora que el secreto atroz de la toma de rehenes es convertir la vida de personas en instrumento de guerra y de exigencias que otorguen ventajas políticas, militares o materiales.
Los rehenes son escudos humanos de sus captores y parapeto de los jefes que ordenan su retención. La pancarta de esa cobarde operación tiene una leyenda cruel: o proceden bajo esta exigencia o mueren los cautivos.
Y en estos días, en que están de moda las órdenes presidenciales de rescate militar de los secuestrados y de rechazo al diálogo humanitario como vía prioritaria, el Gobierno ha sido sordo a los reclamos de los familiares y de muchos sectores desde adentro y fuera del país contra la táctica de rescate armado porque significa un riego extremo para la vida de los rehenes. De nada han servido los llamados a respetar las normas del derecho internacional humanitario que exigen poner en primer plano la vida de los rehenes y prohíben operativos que la pongan en peligro, ni ha servido la constatación de que la mayoría de los colombianos considera el intercambio humanitario como mejor opción.
Ahora la tragedia vuelve a mostrar la brutalidad de los guerreros.
Las Farc le deben muchas explicaciones al mundo sobre este episodio.
¿Cómo explicar que en un “fuego cruzado” mueran precisamente todos los diputados y solo se salve el que estaba en otro lugar? ¿Aplicaron la condena a muerte mediante ejecución sumaria en respuesta a un ataque al campamento? ¿Cuál es la lista de guerrilleros muertos en ese “fuego cruzado”? ¿Hay concordancia en esas cifras y circunstancias?
Toda Colombia está conmocionada por la muerte de los 11 diputados y acompaña con un luto nacional y banderas a media asta la exigencia de entrega inmediata de los cadáveres. Las jornadas cívicas que se están promoviendo expresan solidaridad con las víctimas y repudio a los responsables. La admirable marcha del profesor Gustavo Moncayo, que partió de Sandoná (Nariño) reclamando por la vida y la libertad de su hijo, en poder de las Farc desde hace siete años, está dando ejemplo a todos y crece a su paso por el Cauca y su entrada próxima a Cali.
Ojalá el repudio de este asesinato desencadene una movilización nacional que exija parar la guerra, que reclame a la guerrilla la libertad inmediata de los secuestrados y al Gobierno, el cese de toda operación de rescate armado.
* Director de Indepaz
Camilo González Posso *


