Un gesto enaltecedor
EDITORIAL
Editorial de EL TIEMPO.
Reconfortante y alentador el apretón de manos que se dieron la semana pasada dos personajes que asistieron a la inauguración de los colegios del Distrito que llevan los nombres de dos de las tantas víctimas de la violencia colombiana. En un acto cargado de simbolismo, de palabras amables y de manifestaciones de arrepentimiento por los daños causados, el hijo del inmolado presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, asesinado en el incendio del Palacio de Justicia en 1985, y el ex guerrillero del M-19, grupo responsable de la toma, y hoy aspirante a la gobernación de Nariño, Antonio Navarro Wolff, se cruzaron palabras que dejan claro que en el país hay espacio para el perdón y la reconciliación.
Los colegios, que llevan los nombres del fallecido magistrado Reyes Echandía y del líder del M-19 Carlos Pizarro Leongómez, asesinado en un avión de Avianca cuando adelantaba su campaña presidencial, hacen parte de la política educativa de la administración distrital de bautizar los colegios que está entregando a los sectores más vulnerables de la población con los nombres de personajes de la vida colombiana que han sido víctimas del sangriento conflicto del que aún no salimos.
A las palabras del hijo de Reyes Echandía, Alfonso Reyes Alvarado, sobre lo sedientos que estamos los colombianos de paz y reconciliación respondió Navarro Wolff, quien dijo que el que los dos colegios lleven esos nombres es un paso en la dirección de reducirle espacio a la polarización. Y más adelante terció la hermana de Pizarro Leongómez para pedirles perdón de corazón a los familiares de todas aquellas personas que murieron en el Palacio de Justicia.
Contrasta este intercambio de palabras con la excesiva pugnacidad que hay en el ambiente político. Prevalecen en este las descalificaciones, las peligrosas insinuaciones y no pocas acusaciones que a veces rayan en la irresponsabilidad. Una buena lección de madurez política, convivencia y respeto nos acaban de dar estos dos personajes, con unas instalaciones educativas modernas y dignas como telón de fondo. Es un ejemplo que bien vale la pena imitar por estos días en que los nervios andan tan crispados y la tolerancia no encuentra un lugar apropiado.


