La democracia importa

León Valencia
Tomado de EL COLOMBIANO

Me ha llamado mucho la atención la dura reacción en Estados Unidos y en Europa ante la vinculación entre políticos y paramilitares. Nunca pensé que a la opinión pública y a los gobiernos de estos países les importara tanto la vulneración de la democracia. Pensaba que su preocupación principal estaba en la violación al derecho a la vida. Pero ha resultado que tienen una especial sensibilidad ante la conculcación de los derechos políticos.

El escándalo de la parapolítica no sólo ha acaparado más titulares en la prensa extranjera que la persistencia de los homicidios y masacres cometidos por los distintos actores del conflicto, sino que está suscitando una gran presión sobre el gobierno y las instituciones de Colombia.

En Estados Unidos es claro que los demócratas están jalonando un replanteamiento de las relaciones con el gobierno colombiano. Un editorial del diario El País de Madrid llamaba al presidente Uribe a “limpiar las cloacas”. En las embajadas de los países europeos en Colombia la inquietud que suscita la creciente vinculación de líderes políticos con actores ilegales es notable.

¿Cómo explicar este fenómeno? Es doloroso decirlo, pero la violación de los derechos humanos se había convertido ya en un hecho rutinario en Colombia. Tanto tiempo de violencia y de agresiones a la población civil habían terminado por adormecer la conciencia de la opinión pública internacional.

Además, las violaciones a los derechos humanos se empezaron a ver como producto de la confrontación entre actores ilegales que se peleaban dentro del territorio ante un Estado que hacía ingentes esfuerzos por controlar la situación sin lograrlo a plenitud. Un Estado víctima fue la idea que lograron vender en el exterior tanto Pastrana como Uribe.

La parapolítica ha venido a poner patas arriba esta noción. Se ha empezado a ver que el mal estaba adentro de las instituciones. Que funcionarios del Estado y dirigentes políticos con larga tradición en la representación popular no tenían empacho en acudir a mecanismos ilegales y violentos para acrecentar su poder. Que desde el corazón mismo de la democracia se aupaba el crimen. Es esto lo que está escandalizando al mundo.

Los colombianos entendemos poco esta reacción de la comunidad internacional. El valor que le damos a tener unas instituciones sanas, una democracia transparente, es poco. Los centros de estudio de las universidades, las organizaciones no gubernamentales y los propios grupos de oposición no se ocuparon de estudiar la alteración que se estaba produciendo en la política regional y nacional. Los cambios que se estaban realizando por efectos de la coacción.

Casi nadie se percataba de que los derechos políticos -la posibilidad de elegir libremente a los gobernantes, de expresar ideas y asociarse, de tener varias alternativas políticas y disfrutar del pluralismo- también hacen parte del tratado fundamental de las conquistas humanas.

Quizás fue ese desinterés notorio en los derechos políticos lo que hizo pensar a muchos dirigentes tradicionales del país que no correrían peligro si acudían a medios ilegítimos para hacerse elegir. Que no habrían denuncias o que en el caso de que algo se destapara no habría sanciones.

Se equivocaron en materia grave. En Estados Unidos y Europa hay un especial celo por estos derechos y por la separación de poderes. Precisamente esa es una de las razones por las cuales critican tanto al presidente Chávez. Consideran que está rompiendo el equilibrio democrático, golpeando el pluralismo, concentrando abusivamente el poder.

No le perdonan esto a pesar de que lo hace apelando a la propia institucionalidad y acudiendo a formas legales para hacerlo. Menos se tragaran el caso colombiano donde los funcionarios del Estado y dirigentes políticos recurrieron a la ilegalidad y a la clandestinidad para anular la democracia.

Al presidente Uribe no le va a quedar fácil superar el escollo de la parapolítica. Y más difícil le resultará si no comprende la particular sensibilidad que hay en la comunidad internacional sobre el tema. Cada intento de echarle tierra al asunto o de tratar de buscarle una salida rápida, redundará en mayor desconfianza. Las presiones no cesarán hasta cuando se vaya al fondo de la situación.

lvalencia@nuevoarcoiris.org.co

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