UNA CARTA PARA FERNANDO VALLEJO
WILLIAM OSPINA
Tomado de CROMOS
Recibí, esta semana, la noticia de que habías decidido renunciar a la nacionalidad colombiana.
Asistí por la prensa al previsible desfile de ingratos que se regocijaban con ello y que pretendían despedirte por la puerta de atrás, pero no sentí verdaderamente tristeza. Y no la sentí porque para mí tú no dejarás nunca de ser colombiano.
Si la nacionalidad fuera, como piensan los burócratas y los estados, unos papeles, unos sellos, unas certificaciones de funcionarios, tal vez sería fácil renunciar a ella, pero en tu caso, afortunadamente, no lo veo posible. La patria está en los huesos de los muertos que amamos, en la luz que cae sobre unos guaduales, en unas piedras, en unas cañadas, en un bolero que suena en una cantina a medianoche, en el modo como se destiló nuestra sangre, en el modo como nos subieron la fiebre unos cuerpos perdidos, en una puerta, en una esquina, en un perro y un pájaro que se volvieron tierra antes que nosotros, en ciertos recuerdos irrenunciables, en ciertos sufrimientos irremediables, en el modo como se imprimió en nosotros la lengua natal, que es, como dice mi amigo Mario Flórez, “no la lengua en que uno aprendió a hablar, sino la lengua en que uno aprendió a callar”.
Tu condición de colombiano está demasiado impregnada en tu carne y tu sangre, no es solamente la manera de hablar y de escribir, esa remembranza de ciertas canciones, de ciertos lugares, ese amor desesperado por un mundo que solo te ha sido concedido bajo la especie melancólica de la nostalgia, sino en tu manera de ser. Hasta la decisión de renunciar a la nacionalidad, de impugnar a la mala patria por sus crueldades, sus torpezas, sus extravíos, sus crímenes, sus estulticias y sus mezquindades, todas esas cosas, aunque muchos lo nieguen, son colombianas.
Borges contaba que una vez, recorriendo los parques de Bogotá, le preguntó a su guía, un profesor de la Universidad de los Andes, de quién era una estatua de mármol que había ante ellos, y el profesor le contestó: “No sé, pero ha de ser de algún prócer; porque en este país hay muchos próceres y muy pocos héroes”.
Borges quedó sorprendido de ese espíritu crítico e irreverente de los colombianos, y afirmó que era muy difícil que un argentino, por ejemplo, fuera capaz de burlarse así de las solemnidades de su patria. Colombia tiene muchos defectos pero tiene algunas virtudes y una de ellas es su capacidad no solo de criticarse sino de odiarse a sí misma, de desgarrarse entre un amor inmenso y un odio infinito por su destino. A ti te ha tocado ser en nuestro tiempo la encarnación de esa alma escindida: no puedes ser colombiano, moralmente no puedes serlo, pero al mismo tiempo no puedes dejar de serlo, porque no hay nada en ti que sea de otra parte.
Incluso, yo diría que hay muchos escritores colombianos que son mucho menos colombianos que tú. Tú no tienes que esforzarte para lograr que el acento de tu tierra, la manera de organizar las palabras, el vocabulario, los giros verbales, sea para nosotros perfectamente reconocible, en tanto que no siempre la manera de hablar de los mexicanos, o de los argentinos, o de los españoles, te llega al alma. A veces hasta te parece que muchos mexicanos son como extraterrestres, y solo con algunos de ellos logras tener un entendimiento total. En cambio no hay colombiano, por rudimentario que sea, por salvaje, ay, que sea, que no esté conectado contigo a través del tejido del lenguaje, con una minuciosidad abrumadora.
Y tal vez de allí viene el dolor, porque cuando uno se identifica tanto con un mundo, con un país, con una provincia, con unos seres humanos, no puede dejar de percibir todo lo que hay en ellos de inexplicable y de atroz. No es que en México no haya crímenes, es que a ti no te duelen tanto, no te sientes tan comprometido por ellos, no te sientes tan obligado a reaccionar contra ellos, a censurarlos, a maldecirlos; no es que en México la Iglesia no sea también un aparato hábil en contubernios con el poder y en ignorancia supersticiosa y culpable ante dramas terribles de la época como la bomba demográfica o en indiferencia ante el sufrimiento de los animales; no es que los españoles no hayan encarnado un odio criminal durante los años de la guerra civil, no es que los alemanes no hayan sido capaces de matar en cinco años a muchos más seres humanos de los que los colombianos somos capaces de matar en un siglo.
Se trata de algo más perturbador y más conmovedor, se trata de que a ti te duelen más íntimamente el millón de colombianos que han muerto en un siglo en nuestros espantosos conflictos políticos, y a manos de delincuentes y mafiosos, que los cuatrocientos mil chinos que los japoneses mataron en una semana en el desembarco de Nankín, o que el millón de españoles que los españoles mataron en tres años, o que los diez millones de seres humanos que los alemanes mataron en cinco años, o que los cincuenta millones que la tecnología de guerra de las grandes potencias mató de un modo casi industrial en los seis años de la Segunda Guerra Mundial.
No puedes dejar de ser colombiano, Fernando, porque en el mejor de los sentidos posibles tú bien podrías ser el más colombiano de todos: defendiendo esta tierra contra los ladrones de tierras, sean guerrilleros o paramilitares o terratenientes, defendiendo la lengua contra la ignorancia y contra la torpeza, defendiendo la vida contra los asesinos, defendiendo la vehemencia y la pasión contra la estulticia y la conformidad, y la inteligencia contra el fanatismo, y el conocimiento contra la ignorancia. Creo que solo tú entre cuarenta millones de colombianos se ha tomado en serio ese lema de Libertad y Orden que hay en el escudo colombiano. Asumiste desde el comienzo el culto extremo de la libertad, hasta el punto de hacer pensar a muchos que eres anarquista, y el culto extremo del orden, que te lleva a censurar todas las confusiones y las incoherencias y las brutalidades de nuestra política y de nuestra vida social, haciéndoles pensar a otros que eres un ultraconservador.
Yo pienso que eres un hombre lleno de pasión y de lucidez, de originalidad y de elocuencia, indignado por la pasividad con que Colombia se deja matar, por la docilidad con que Colombia se deja robar, y por la estupidez con que Colombia se deja arrastrar por el discurso de sus verdugos. Pienso que no te prohíbes sentir y responder, con indignación y con furia, ni darle unas cuantas bofetadas a la patria postrada para ver si reacciona. Colombia hasta ahora ha sido esa madre sorda que no se deja conmover por los gritos de indignación de su hijo, que sigue impávida como si nada pasara, pero en el fondo lo que dices llega a donde debe llegar, y es mucha la gente que en Colombia, y en el mundo, te está escuchando.
Me alegra que no puedas dejar de ser colombiano, porque tu voz es una de las pocas cosas dignas que quedan todavía en Colombia. Pones a prueba nuestra capacidad de convivir con los que piensan distinto; nos recuerdas con ejemplos que la democracia consiste en que cada quien tenga derecho a decir absolutamente lo que quiera mientras sus opiniones sean expresadas con claridad, con firmeza, con convicción, y estén abiertas a la polémica, a la contradicción, a la refutación. Como es habitual, alguna gente prefiere la comodidad de acallar al trabajo de refutar, y vemos el espectáculo grotesco de un montón de personas que sienten el deber de indignarse por las cosas que dices, incluso cuando saben que son verdades, porque temen que esas verdades nos harán despreciables a los ojos del mundo, o que corren a acallar las exageraciones que a veces prodigas porque no tienen la paciencia de enfrentarlas y contrariarlas. En nuestro país es fácil que los mismos que nunca censuran el crimen, que nunca denuncian la corrupción y que nunca rechazan la crueldad palidezcan de indignación ante alguien que no recurre a la violencia y que se limita a utilizar el lenguaje como único instrumento.
Yo no voy a defender a Colombia de tus acusaciones. Harto procuro yo también criticar no solo las atrocidades y los crímenes, sino la pasividad y la estulticia de la comunidad que las padece y que se resigna a ellas de un modo indignante e indigno.
Pero sé que no es necesario decirte que otra Colombia que no trafica ni mata, que no manipula ni acalla, también existe, aunque es responsable, por no ser capaz de ponerle remedio, con grandeza y con espíritu solidario, a tantos y tan repugnantes males que padecemos. Necesitamos que sigas siendo la mala conciencia de Colombia, y para eso es obligatorio que sigas siendo colombiano. No en los papeles ni en los sellos de los notarios, sino colombiano en la nostalgia, en la indignación, en la elocuencia con que nos recuerdas que estamos vivos y que la injuria, el reproche y la cólera también son instrumentos del espíritu.
Quiero añadir algo, quizá menos para ti que para los colombianos que leerán esta carta. Recuerdo este comentario de Borges sobre el escritor norteamericano H. L. Mencken. “Suelo preguntar y preguntarme: ¿Sería concebible en este país un H. L. Mencken, un aclamado especialista en el arte de calumniar y de vituperar a su país? Me parece que no. El patriotismo, el pseudopatriotismo argentino es una pobre cosa despavorida que está a merced de un epigrama casual, de un puntapié montevideano o de un puño izquierdo de Dempsey. Una sonrisa, un inocente olvido, nos duelen. La popularidad de Mencken es obra de su denigración pertinaz de los Estados Unidos; un Mencken argentino –con éxito– es inimaginable”. Yo no digo que seas un Mencken colombiano. Digo que los Estados Unidos tuvieron en Mencken su Vallejo, parejamente agonista, gramático y teólogo, aunque no como tú teólogo sin dios y heresiarca. Es muy bueno que tanta gente te escuche y te respete en Colombia. Podría ser, a pesar de todas nuestras miserias, un símbolo de madurez, de mejoría psíquica. De modo que gracias otra vez por tu cólera saludable, y nunca olvides que mi casa te espera.
Necesitamos que sigas siendo la mala conciencia de Colombia, y para eso es obligatorio que sigas siendo colombiano.



2 June, 2007 — Genoveva Gómez — Escribió
También vivo en Mexico pero llevo a Colombia tan dentro de mí como nuestro gran Fernando Vallejo. Lástima que nuestros compatriotas sean tan ciegos que no tengan la certera conciencia de la dolorosa realidad que vivimos todos, incluyendo a los que estamos lejos, y que se sientan tan ofendidos cuando alguien como Fernando Vallejo, expresa las verdades crudamente, como son, y se sientan tan dolidos cualdo él se refiere al “paisucho” en que nos tocó nacer. Cómo me gustaria que mis paisanos ampliaran su horizonte y comprendieran el profundo pensamiento de nuestro gran escritor. Soy su admiradora y me fascino con su estilo literario a la vez que me divierte. Gracias señor William Ospina por su sentida carta
2 June, 2007 — Mauricio Restrepo — Escribió
Excelente Artículo, describe con exactitud lo que pensamos del Maestro Fernando vallejo, los que hemos leido sus obras sabemos que es uno de los mejores escrirores que ha dado nuestro pais; lástima que siempre lo mejor tenga que vivir afuera..
8 March, 2008 — Andres Patiño — Escribió
Casi una decada fuera de mi pais,ha hecho daño a mi maltrecho corazòn,ese que palpita dolorosamente al compas de robos,bombas,masacres,injusticias,penurias,y mas… Mucho mas.Tal vez ignorantes mis hermanos colombianos no entienden
lo que este paisano trata de decir en sus libros o comentrios, yo creo entenderle…. solo que al contrario de el quiero regresar
para sufrir con mi pais su dolor,reir con su dicha, soñar con sus sueños,descansar con su anhelada paz.Porque Colombia es mas que guerrilla,paramilitares,politicos corruptos,terratenientes,delincuencia callejera y demas. Es mucho mas………. es mi pais,mi tierra,mi escencia,mi alma,mi paz,mi vida…soy yo. Hermanos he viajado,he sufrido,he llorado,he extrañado y mucho a mi madre patria,en estos años andando de aqui para alla en diferentes paises de Europa, he llegado a la conclusion de que como hijo de mi madre Colombia no debo dejarla sola ahora que mas necesita de mí,no puedo dejarla abandonada a su suerte,no le dare la espalda y sobre todo, no perdere la esperanza de que tal vez un dia al despertarme,vere a mi madre tranquila,llena de vida,limpia,pura,hermosa………..Madre.
22 May, 2008 — Víctor Manuel Herrera Castillo — Escribió
Al encontrar su propia verdad encontró la de todos, dispersas pero enclaustradas, inconformes pero sumisas. Incapaces de traspasar las barreras y de reventar las cadenas. Sus verdades retumban y llegan a los oídos de todos, aún de los que no quieran escucharlo. Nadie es escuchado sino tiene poder, porque aunque grites nadie te oye. Todo gira alrededor de la fama, buena o mala. O te arrodillas o no comes. Hace ya varios años vivimos al pie de un bosque nativo peleando con quienes vienen a matar iguanas, ardillas y cuarenta especies más que vuelan de rama en rama huyendo de las certeras piedras que salen de las letales caucheras y añosos árboles que se doblegan bajo el inclemente golpe del machete. Nidos despojados de polluelos que van a parar a las humillantes jaulas. Más de veinte cartas a otros del gobierno sin respuesta. Desde hace ya tres años tengo una carta en mi bolsillo y esta es la hora que no he podido hacérsela llegar. Solo me he podido hacer escuchar de mis noventa perros y seis gatos. A mis ya setenta años solo necesito del maestro “El desbarrancadero” autografiado para sentarme a leerlo mientras también cuido, de los cauchereros, bajo una palma centenaria con mas de veinte metros de altura, los recien nacidos polluelos de COCLI, especie en extinción, de la cual en cinco años han sido procreados dieciocho. Chao.
23 May, 2008 — Víctor Manuel Herrera Castillo — Escribió
Uno de estos dos COCLIES recien llegados al mundo en el que las manos crueles los extingue, fue lanzado al suelo desde su nido por un azotante vendaval el día veintitres de Abril pasado. Se logró por intermedio del importante ecologista y profesor Luis Antonio Perea del municipio de Zarzal, al norte del Departamento del Valle del Cauca, que seis días después acudieran los bomberos bajo el mando del comandante Victoria, quienes mediante maniobra de gran riesgo y pericia e involucrando cuatro largas escaleras contra la alta palmera se lograra, ya al atardecer, devolver a su nido al ausente polluelo. Dentro del largo y expectante operativo no se pudo evitar que el otro congénere también se lanzara peligrosamente al vacío cuando sintió invadido su entorno, pero una vez superado el trance, entre aplausos de todos los presentes, se dio por terminada la primera parte de esta pequeña aventura. La alegría llegó plena al día siguiente mediante estrecha vigilancia y despues de observar el ritual de regurgitación alimentaria para ambos por parte de sus progenitores que el tan temido rechazo no hizo parte en este definitivo encuentro. Hoy veintitres de Mayo de 2.008 ensayan aleteos y saltos entre el ramaje de su misma palmera mientras sus mayores los circundan con ingenuas acrobacias en lo que pareciera ser la instintiva invitación hacia el abierto espacio. Ochenta y cuatro páginas anteriores relatan noventa sencillas aventuras de otros deshauciados y humildes caminantes que no solo los mata la sed y el hambre. Son perseguidos y aniquilados. Ellos solo saben ser nuestros mejores amigos, mas no que siempre hemos sido sus peores enemigos. Tales si que podrían tildarnos de indolentes, bárbaros y crueles, indiferentes, desleales, hipócritas, abusivos, mentirosos, mezquinos, vanidosos, ursurpadores y grandes señores con rabo de paja, Etc. Etc. Etc.-
26 September, 2009 — Vladimir Herrera — Escribió
soy colombiano y como fernando vallejo vivo fuera de mi pais en europa, no por que no quiera estar en colombia, sino por que en nuestro pais, nunca se valoran las capacidades de las personas, alli solo existen los apellidos, las elites del poder, la iglesia, la estractificacion, economica, social y politica de los individuos, nunca pasa nada en este pais, los politicos son siempre los mismos, las entidaes del estado estan llenas de funcionarios corruptos y de padrinos politicos, las personas con capacidad intelectual pero sin relaciones clientelistas quedan aisladas, nuestros mejores escritores, artistas, deportistas, profesionales prefieren salir de colombia ha desarrollar su potencial, el cual en colombia nunca o muy dificilmente puede lograrse. Lo lamento por colmbia por que en estas condiciones, nuestro pais estara siempre atrazado, no solo en lo economico; sino tambien en lo politico (un sistema democratico irreal), social ( la mayoria de la poblacion descriminada), intelectual (muy bajo nivel de educacion de la pblacion), artistico, con creencias religiosas que en otras partes del mundo han desaparecido completamente, con politicos que slo piensan en su interes personal y familiar nunca en los colombianos.