¿Por qué en el primer mundo es posible liberar a un secuestrado, aún a costa de un intercambio de peligrosos talibanes presos, y en Colombia no?
Por: ALBERTO RUEDA
Me refiero al secuestro y liberación, gracias a un intercambio, del periodista italiano Danielle Mastrogiacomo, por un grupo de talibanes encarcelados en Afganistán la semana pasada.
La respuesta no resiste más intentos de análisis académicos o políticos, para justificar el no del presidente Uribe a un acuerdo humanitario en Colombia. La respuesta es tan simple como suena: por pura e inmarcesible terquedad.
Los antecedentes personales que rodean al presidente Uribe con las Farc, a cuyo grupo se le responsabiliza del asesinato de su padre y de haber herido gravemente a su hermano, son desde cualquier ángulo de la lógica y el sentido común, elementos suficientes para que el mandatario del Estado colombiano se hubiera declarado impedido para decidir sobre los secuestrados de las Farc. Esta animadversión como persona es entendible, pero ya en cabeza de un presidente expone aún más la vida de estos seres secuestrados. La terquedad por esta situación personal, trasladada al ejercicio del poder presidencial, ya concursó lamentablemente para que las Farc asesinaran al entonces gobernador de Antioquia, a un ex ministro de defensa, y a ocho militares, en el fatídico “rescate” militar en mayo del 2003.
Pero no sólo del gobierno del presidente Uribe se siente el abandonado de estos secuestrados por las Farc, sino a la injustificada anestesia nacional, cuya vocería en cabeza de los medios de comunicación se ha resignado. En Italia fueron trece días de infatigable cubrimiento en primeras planas, del secuestro de un periodista, así fuera de izquierda. Fueron trece días de angustia de un pueblo que hizo vigilia sin interrupción hasta ver liberado su connacional. Ni la comunidad internacional ni el gobierno italiano se debilitaron porque la liberación se hubiera hecho por líderes talibanes; considerados por el mundo político y militar como los peores enemigos. No en vano la más fabulosa fuerza multinacional de la OTAN está comprometida en una guerra sin cuartel para derrotarlos.
Fueron 13 días los que se tomó el gobierno de centro izquierda de Romano Prodi para lograr la liberación de Mastrogiacomo. Pero lo hizo en su momento también el gobierno de derecha de Silvio Berlusconi, en una demostración sobre cual es la verdadera razón de Estado que no impiden, sino que por el contrario, liberan secuestrados. Plantarse en posiciones de fuerza o debilidad, como alega el presidente Uribe frente a este drama, es francamente una necedad. El análisis nos remite entonces a que el acuerdo humanitario depende más de una decisión de don Alvaro, que a una verdadera motivación presidencial.


