Carta a Héctor Abad
Por: PATRICIA LARA SALIVE
Diciembre 31 de 2006
Tomado de EL PAIS
Apreciado Héctor: Ahora, cuando termino con mis ojos humedecidos la lectura de ‘El olvido que seremos’, ese poema de amor que le compusiste a tu padre, ese gran reportaje que escribiste sobre su vida, su obra, su pensamiento, sus fortalezas, sus debilidades, sus luchas, esa revelación que hiciste sobre su ser más profundo, ese retrato magistral que pintaste sobre tu relación con él, la relación de un niño que camina de la mano de su padre, “un papá tan perfecto que puede llegar a ser insoportable”, como dices tú, esa denuncia atronadora sobre su asesinato; sí, ahora que termino tu obra y escucho ese alarido tuyo de dolor, amordazado durante casi veinte años, a la espera de que el paso del tiempo cicatrizara tu herida y te permitiera poner en palabras escuetas, sin adjetivos, sin sentimentalismos, ese amor y ese dolor que has llevado contigo, no puedo sino decirte que cumpliste tu propósito:
hoy, quienes hemos leído ’El olvido que seremos’, así como las decenas de miles de personas que, con seguridad, en el mundo lo seguirán leyendo, recordaremos hasta que la vida nos lo permita al médico Héctor Abad Gómez, quien se definía a sí mismo como “un cristiano en religión, un marxista en economía y un liberal en política”, pero quien era, ante todo, un hombre bueno y un padre como deben serlo todos, uno que ama a sus hijos sin exigirles nada, sin demandarles nada, sin obligarlos a nada, sin pedirles nada a cambio, sin fomentarles sentimientos de culpa, un papá que los ama por el solo hecho de que son como son y que está disponible para ellos, que los acompaña a crecer y que les garantiza ese amor incondicional que los hace toda la vida seres seguros, felices y buenos.
Un papá como el tuyo (muy parecido a como fue para mí el mío) es alguien muy difícil de olvidar. Pero si además muere asesinado por balas disparadas por cualquier sicario y ordenadas por Carlos Castaño, pero ideadas quién sabe por quién, no simplemente es imposible de olvidar, sino que su crimen debe ser denunciado como tú lo has hecho. ¡Y el Estado tiene la obligación de esclarecerlo! El asunto no puede quedarse en que es otro asesinato más de los cometidos por Castaño, muerto ya. Tú sospechas que “sus asesinos siguen libres y cada día son más y más poderosos”. Tú citas un aparte de la atroz confesión de Castaño sobre cómo se decidían los asesinatos:
“Ahí es donde aparece el Grupo de los Seis”, dice. Son “hombres del nivel de la más alta sociedad… ¡La crema y nata! Les mostraba los nombres, los cargos o ubicación de los enemigos. ¿Cuáles se deben ejecutar?, les preguntaba, y el papelito con los nombres se iba con ellos a otro cuarto. De allí regresaba señalado el nombre o los nombres de las personas que debían ser ejecutadas, y la acción se realizaba con muy buenos resultados… Eran unos verdaderos nacionalistas que nunca me invitaron ni me enseñaron a eliminar personas sin razón absoluta. Me enseñaron a querer y a creer en Colombia”, concluye Castaño.
¡Qué horror! Y el horror sería aún mayor si fuera cierto que quienes con el fin de “anularles el cerebro” señalaron a tantos asesinados en los años ochenta y noventa, incluidos los casi tres mil de la Unión Patriótica, aún ocupan puestos de mando en nuestra sociedad.
Finalmente quiero decirte, apreciado Héctor, que te felicito por esa obra de arte que acabas de componer y que te doy las gracias por tu tenaz lucha por rescatar del olvido a ese padre de quien aprendiste algo que los asesinos no saben hacer: “poner en palabras la verdad, para que ésta dure más que su mentira”.





reconfortante encontrar hermanos politicos con ideales claros y propios..me llego al alma el sentimiento escrito de la dra patricia lara salive….con aprcio un joven medico polista……
Comment by charlie wags jhonns — June 17, 2007
Lastima que en las burdas palabras de PATRICIA LARA SALIVE
la historia que intenta relatarnos Hector abad suene tan vulgar y cargada de sentimiento politico , por lo que yo pude sentir a traves de las palabras del autor , su intencion es hacer la denuncia de un crimen politico , sino una carta de reminisencias hacia su padre para poder decirle aquello que quizas nunca pudo hacerlo en persona , y una elejia hacia la sociedad colombiana para que no sigan sepultando con su idiosincracia los recuerdos de hombres que con su pensamiento noble solo buscaron un mejor futuro para el pais.
PATRICIA LARA SALIVE Me parece que cuando haces este escrito lo utilizas para afianzar tus argumentos politicos y sociales, mas que para agradecer o criticar a Hector (hijo) por su obra , cuando en tu escrito le impregnas ese sabor amargo politico de lideres de derecha , sicarios y carlos castaño , a un trabajo tan intimo y sentido como el que realiza el autor pierde todo valor sentimental y gracia , aun mas cuando las palabras que usas son perfecto ejemplo de salameria literaria; cosa que hace indignante fastidioso e incluso nauseabundo leerte.
Comment by Mauricio Gonzalez — November 7, 2007