El llamativo silencio de los Estados Unidos

Por: ALBERTO RUEDA

ALBERTO RUEDALa fractura de la columna vertebral del gobierno de Alvaro Uribe, la “Seguridad Democrática”, no ha podido ser más estrepitoso y más doloroso para el país. La amplia infiltración paramilitar en la política es quizás el hecho público más conocido pero más tercamente negado por el establecimiento nacional, contando con la complicidad internacional. Es como si el paramilitarismo hubiera sido arropado y aceptado de manera implícita.

Es de suma gravedad, por ejemplo, que el anterior fiscal general de la Nación, Luis Camilo Osorio, y entiendo muy allegado al ex presidente Andrés Pastrana, haya engavetado investigaciones muy serias en este sentido, como lo denunció el ex vicefiscal Jorge Armando Otálora.

A nivel internacional la complicidad por omisión de la OEA, en su doble vinculación en Colombia, como observadores del proceso de paz con los paramilitares y como observadores internacionales de las elecciones presidenciales, ponen en evidencia la ineficiencia e incapacidad de dicho organismo. La evidencia sobre la concentración anómala de votaciones en ciertas regiones para candidatos al Congreso e incluso las denuncias del ex funcionario de informática del DAS sobre la votación que recibió el presidente Uribe hace cuatro años en departamentos de la costa y que fueron corroborados por la revista Semana, se han mantenido en la más absoluta impunidad y con la bendición de la OEA.

La complicidad internacional la completa el silencio del Departamento de Estado de los Estados Unidos y de su embajador en Colombia William Wood, cuando en la historia del país quizás nunca como ahora, los Estados Unidos han estado más involucrados en Colombia: Cientos de asesores militares, apoyo y asesoramiento a la Fiscalía, cuentan con el organismo de inteligencia más poderoso de Colombia como es la DEA, en fin, están incrustados hasta los tuétanos en la administración pública y política del país. Y tienen patente de opinión en todos los temas de la vida nacional: que no están de acuerdo con el proceso de licitación de la nueva cedulación de la Registraduría, argumentan porque sí se debe fumigar en Colombia hasta en los parques naturales, recomiendan generales para sus ascensos y ex generales para las embajadas; extraña entonces, de particular manera su mutismo, que contrasta con la de los funcionarios demócratas de la administración Clinton, como Robert Gelbart durante el proceso ocho mil. Es más, fueron protagonistas en la prendida de aquel ventilador y la de mantenerlo en su máxima potencia.

Colombia vive en uno de sus más oscuros círculos viciosos de su historia, Pastrana envía al país al péndulo del paramilitarismo por su torpe política con las Farc y Uribe, en su estrategia personal de concentrar su guerra contra las Farc, ha permitido, por lo menos por omisión consciente, la más amplia infiltración paramilitar en el corazón de la institucionalidad nacional que hace aparecer al histórico elefante del narcotráfico como un verdadero enano.

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