Adiós a las armas

Por: PATRICIA LARA SALIVE

“El CAI se derrumbó por completo y el agente Parra Silva voló unos cincuenta metros y se estrelló contra un poste de energía, mientras que una de sus piernas quedó sobre la vía”, contaba el diario El Pais a propósito de la ola terrorista que la semana pasada ocasionó en Cali nueve acciones con explosivos que produjeron 18 heridos, 98 damnificados y que dejaron huérfano al pequeño hijo del policía Luis Eduardo Parra, quien estaba a punto de jubilarse.

Todo indica que esa ola de atentados ocurrida en la capital del Valle fue perpetrada por las Farc, organización que, al parecer, como lo hizo el nefasto Pablo Escobar, se ha dedicado a pagarles a los delincuentes comunes por el asesinato de cada policía, y ha escogido a Cali como laboratorio de prueba para su plan de llevar la guerra a la ciudad. Después, seguro, seguirá el ensayo con Medellín y con Bogotá y continuará sembrando a Colombia de dolor y de muertes inútiles, comenzando por las sufridas por los propios militantes de las Farc.

Ya es hora de que la guerrilla colombiana reflexione y se de cuenta de que los tiempos han cambiado en Latinoamérica y de que ahora no es posible llegar al poder por la vía de las armas, como ocurrió en Cuba y Nicaragua.

Ya es hora de que las Farc se percaten de que con su accionar militar torpe y con las numerosas muestras que han dado de que les importa poco el logro de la paz, se han granjeado el odio de la inmensa mayoría.

Ya es hora de que los guerrilleros acepten que tienen una cuota de responsabilidad en el auge del paramilitarismo, pues muchos colombianos, ante los ataques que ellos les propinaban y el hecho de que el Estado no los protegía, se organizaron y se armaron con el fin de defenderse.

Ya es hora de que la guerrilla se de cuenta de que esta guerra que lleva a cabo desde hace más de 40 años ha perjudicado en especial a los más pobres a quienes dice defender, pues son ellos los que se mueren en los combates, los que se desplazan a causa de la violencia y los que más se afectan con el empobrecimiento de una nación.

Ya es hora de que la guerrilla piense en que al contratar delincuentes a sueldo para que maten policías, lo único que consigue es alejarse de ese ejercicio del poder que tanto anhela.

Ya es hora de que los jefes de la insurgencia renuncien a la lucha armada, no sacrifiquen más a su gente y dediquen sus capacidades a la construcción de una nación sin pobreza y desigualdad, como también ya es hora de que el Polo Democrático Alternativo, fortalecido luego de que en su votación interna para escoger delegados al congreso que realizará esta semana puso casi seiscientos mil votos, descalifique de manera clara y contundente (¡una vez más!) el uso de la vía armada y aproveche, para hacerlo, esa importante reunión que congregará a casi tres mil líderes de su militancia.

Ya es hora de que Colombia entera manifieste su voluntad de enfrentar la violencia venga de donde venga. Por eso ya es hora de que acompañemos masivamente al Valle del Cauca y a Cali en la marcha que, con ese propósito, el 5 de diciembre encabezará el gobernador Angelino Garzón y que caminemos a su lado, como ya confirmaron que lo harán el alcalde de Bogotá, Lucho Garzón, y el alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, para que, de una vez, todos al unísono gritemos ya un ¡adiós a las armas!.

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