LA PATALETA DE DON OBDULIO
Horacio Serpa
El Universal
Octubre 29 de 2006
Quien replique es un estúpido. El que denuncie, un ingrato. Si alguien reclama, un cobarde. Y todo opositor es cómplice de los terroristas de las Farc.
En esas andamos, según José Obdulio Gaviria, consejero mayor del Presidente Uribe, quienes son, según la carta del primero a El Tiempo, los únicos a los que les “duele Colombia”.
El atentado al corazón de la inteligencia militar ha dado para todo. Hasta para que don Obdulio reniegue de los que se atreven a reflexionar sobre el origen y la intención del bombazo, y cuestione severamente a quienes son los más firmes sostenedores de su gobierno. ¿Que pasó? Que en su soberbia infinita, ni las elites, ni los medios de comunicación, ni El Tiempo, estuvieron a la altura que el gobierno merece cuando se trata de casos tan escabrosos como el comentado.
Es necesario recordarle al consejero que las elites económicas han sido ejemplares en su apoyo al gobierno. Que gracias a su dinero las dos campañas presidenciales, y las dos del Congreso, estuvieron súper financiadas. Y que en correspondencia, según la ética gubernamental, el gobierno les ha retribuido, también ejemplarmente, con subsidios, exenciones, jugosas contrataciones y nombramientos de primera.
Es importante que don Obdulio tenga presente la forma amplia, generosa, desbordada muchas veces, siempre incondicional, como los grandes medios de comunicación han apoyado a Uribe y a todo su séquito, con propaganda, permanente acompañamiento, inmerecidos comentarios a favor y descarada manipulación noticiosa, minimizando errores y magnificando éxitos muy relativos.
Se le olvidó al ideólogo de marras que El Tiempo ha sido un fiel acompañante de todas las horas, y que hasta por editorial manifestó al Presidente su devoción y entrega. Por ello, Uribe es el dueño del santoral.
La verdad incontrovertible es que quien tiene a Uribe como su verdadero líder, es esa elite “siempre veleidosa y caprichosa”, y la gran prensa.
Si de ellos denigra ahora el consejero, es porque con el carro bomba de la Escuela Superior de Guerra el gobierno quedó “metido entre los palos”, ya que cualquier versión sobre la autoría les resulta catastrófica.
Si fueron las Farc, se trató de un acto de guerra condenable, pero humillante para el Ejército y afrentoso para el Presidente, como que sería “la prueba reina” del más estruendoso fracaso de la política de seguridad democrática.
Si fueron los paramilitares, quedaría demostrado todo lo que se ha denunciado en materia de farsas y atropellos por parte de quienes, casi en calidad de socios, adelantan con el gobierno un proceso sin rumbo, sin ética, sin compromisos y sin resultados.
Si acaso fueron los narcos, estarían demostrando su crecimiento, tanto, que de nuevo estarían desafiando al Estado y a las autoridades.
Y si fue un “falso positivo” de esos que el presidente dice que no existen, según versión que ha tomado mucha fuerza en los comentarios del hombre de la calle, sería el acto más escandaloso y perverso de quienes tienen a cargo la seguridad de los colombianos.
Ninguna de estas hipótesis le sirve al gobierno. Acogió la primera, porque le permitió desmontarse del intercambio humanitario y buscar el reencauche ante una opinión pública cada vez más escandalizada y desconfiada.
La seguridad democrática fracasó. Y lo peor de este fiasco consiste en no advertir la necesidad de un cambio a fondo en la estrategia, si es que la hay.
Sin un verdadero plan de seguridad, desmoralizada la tropa, ausente el gobierno en materia social, crispados los nervios del gobernante y desencajados sus asesores, al cabo de su segundo mandato estaremos como en agosto pasado: sin resultados. Más guerrilla, más paramilitarismo, más narcotráfico, más delincuencia común, más hambre, más desempleo, más pobres, más frustraciones, más mal gobierno.
¿Seguirán pensando que su proyecto político llegará al 2019? Háganme el favor!
Bogotà D.C., 27 de Octubre,2006




