Un pueblo mal nutrido
EDITORIAL DE LA TARDE
27-10-06
La radiografía presentada por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y Profamilia, sobre la Situación Nutricional y de Demografía y Salud de Risaralda, es realmente preocupante.
Develar que, según esa medición, el 60% de los niños del departamento no están teniendo una alimentación adecuada para su correcto desarrollo en sus primeros años, y que se está presentando un retraso en el crecimiento de los menores de cinco años, no puede menos que alertar a toda la sociedad sobre un hecho que bien podría presentarse en países africanos, pero no en una región que se precia de ser desarrollada y que cuenta con tierra apta para cultivos.
Como si lo anterior fuera poco, la población adulta presenta sobrepeso en un 31%, mostrando también una baja calidad en la alimentación de los risaraldenses.
Y en cuanto a salud reproductiva, las cifras tampoco permiten tranquilidad. La encuesta nacional de demografía, determinó que el 21% de las niñas de Risaralda entre los 15 y los 19 años ya son madres, y que en los hogares se están presentando severos problemas de violencia intrafamiliar: hombres que golpean a sus mujeres y mujeres que terminan golpeando a sus hijos. Esto tiene que ver con la repetición de una espiral de violencia, que impide la formalización de unos hogares saludables, en todos los sentidos.
La Alcaldía de Pereira y la Gobernación de Risaralda, por separado, adelantan programas de seguridad alimentaria, que bie valdría la pena saber cómo van y qué incidencia real están teniendo en bajar los rangos de malnutrición en los niños y niñas del municipio y del departamento. Porque en Pueblo Rico, por mencionar un solo caso, se han muerto pequeños por desnutrición, sobre todo de comunidades indígenas, situación que habla muy mal de la protección que se le debe a la niñez por mandato constitucional.
El tema no se puede reducir exclusivamente a la suscripción de unos contratos con unos proveedores, debe ir mucho más allá. Risaralda necesita urgentemente un programa macro de intervención en sus políticas sociales, para poder bajar esos vergonzosos rangos de inasistencia en materia de salud pública.


