Se agrieta el sistema de dominación

Entrevista a Noam Chomsky

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Por Simone Bruno
Exclusivo para Nueva Gaceta

El Stata Center, proyectado por el excéntrico Gehry Partners, es un edificio único, conocido en todo el mundo. Es difícil describirlo. Se trata de una serie de estructuras tortuosas de colores pastel que se encuentra en el corazón de la ciudad universitaria de MIT (Massachusetts Institute of Technology), el centro universitario conocido por el número de premios Nobel recibidos por sus profesores (65 desde el año 1944).

En el piso octavo, en el departamento de Lingüística, nos espera el profesor Noam Chomsky, lingüista de fama mundial e intelectual disidente, quien fue elegido en una encuesta reciente de la revista británica Prospect y de Foreign Policy, de Washington, como el más importante intelectual vivo, un título que hace algún tiempo también el New York Times le había conferido.

En esta entrevista exclusiva para Nueva Gaceta quisimos profundizar con él sobre la situación que vive hoy América Latina, y en particular Suramérica, una región agitada por fuertes vientos innovadores, que parece empezar a sacudirse de la tradicional influencia de Estados Unidos.

Simone Bruno: Después de la victoria electoral de Evo Morales en Bolivia, el país parece fuera del control de Estados Unidos. Éste no es el único país que parece ofrecer alternativas al modelo impuesto por los estadounidenses, ¿cree que los acontecimientos continuarán en esta dirección o debemos esperar una intervención por parte del país del Norte?

Noam Chomsky: No hay duda de que Washington está bastante molesto con la situación; por otro lado, hace tiempo que Bolivia ha comenzado a funcionar fuera del control estadounidense. Ésta es una región que tradicionalmente ha estado bajo la dominación estadounidense, sobre todo desde la Segunda Guerra Mundial, y algunas áreas, desde antes. Venezuela fue conquistada esencialmente por Washington en los años veinte, es decir, en el inicio de la era del petróleo, cuando se descubrieron los enormes recursos de este país. Estados Unidos expulsó a los ingleses y desde ese momento tuvo el control de Venezuela. Aparte de esto y del Canal de Panamá, el control estadounidense no se extendió nunca hacia los territorios de Suramérica hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Con el final de la guerra, Europa fue expulsada de estos territorios y el continente pasó a estar bajo la dominación de Washington, que, de alguna manera, siempre ha dado por descontado su control mediante el patrocinio de golpes de Estado militares y la ayuda a grupos rebeldes. Y esto ha sido fácil porque casi nunca ha habido oposición –aparte de la resistencia de las poblaciones locales– ni al derrocamiento de gobiernos ni a la realización de masacres con total impunidad.

En la última década el sistema de dominación ha comenzado a agrietarse, el continente ha comenzado a moverse hacia algunos grados de independencia que Washington no quiere tolerar, aunque no pueda hacer mucho al respecto. Las elecciones brasileñas, por ejemplo, fueron motivo de fuertes preocupaciones, aliviadas de alguna manera con el hecho de que Lula no haya seguido realmente políticas de izquierda, sino políticas no muy diferentes de las de sus predecesores. Aun así, Brasil representa un toque de independencia que no le gusta a Estados Unidos. En Argentina, Kirchner ha desafiado al Fondo Monetario Internacional (FMI) y Washington no ha podido hacer nada. Esto ha sido un duro golpe para la Casa Blanca, ya que este organismo es casi una extensión de su Secretaría del Tesoro y es el guardaespaldas de los inversionistas, como en las viejas películas de gangsters. Así lo ha llamado el propio director del FMI, Rodrigo Rato: «guardaespaldas de la comunidad de inversionistas». Pero Kirchner y Lula no se han prestado mucho para su juego, por lo que Argentina y Brasil podrían quedar fuera del control de este organismo.

De todas formas, el único golpe real a la dominación estadounidense ha sido Chávez. Estados Unidos apoyó, si es que no organizó directamente, el golpe de Estado militar del año de 2002 para derrocar al gobierno venezolano. En aquella ocasión tuvo que retirarse rápidamente a causa de la enorme protesta en todo el continente, donde la gente entiende la democracia de manera más seria que como lo hacemos los estadounidenses. Después de esto, Washington optó por la subversión interna. Esta subversión es siempre denominada «promoción de la democracia», que prácticamente significa sostener a los grupos que se oponen al gobierno, como por ejemplo algunos sectores de empresarios.

Esto ha sido tradicional. Cuando Haití tuvo sus primeras elecciones libres y Aristide fue elegido presidente en 1991, Estados Unidos, escandalizado, cambió inmediatamente su programa de ayudas para hacer que éstas fueran a la oposición y no al gobierno, al tiempo que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) impulsó proyectos de «promoción de la democracia», que eran esfuerzos para mantener a las clases ricas y a los militares y para minar el gobierno. Todo ello llevó a un golpe militar pocos meses después. Ésta es una actitud típica, ocurrió en Haití y ahora en Venezuela. Son esencialmente operaciones subversivas. También existe otra técnica tradicional: si la oposición es demasiado débil y no tiene ninguna posibilidad de reunir una representación política considerable en las elecciones, la alternativa es desacreditar y deslegitimar el que haya una oposición. La técnica que se utiliza es convencer a la oposición para que no participe, para poder sostener luego que estamos frente a una dictadura.

S.B.: Esto fue lo que ocurrió hace pocos meses en Venezuela.

N.Ch.: Exactamente, y es un comportamiento típico. También se utilizó en Haití el año pasado. Pero es un modelo que se ha utilizado más veces. Lo mismo ocurrió en Nicaragua en 1984. En la historiografía occidental no existieron tales elecciones; en el mundo real sí existieron y fueron probablemente las elecciones más supervisadas de la historia moderna, al menos en aquel momento. Hubo delegaciones latinoamericanas, estudiosos norteamericanos, delegaciones holandesas muy hostiles y grupos parlamentarios ingleses comprometidos con los derechos humanos. Muchas personas ratificaron las elecciones y las calificaron como honestas, pero Estados Unidos no podía tolerarlo, por lo que eligió un candidato de la oposición que al mismo tiempo estaba en la nómina de la CIA y lo hizo retirarse de las elecciones para poder hablar de dictadura. La prensa cooperó suprimiendo todo lo relativo al proceso electoral. Se habló sólo de dictadura fascista, algo que habría abierto las puertas a una expansión de la guerra estadounidense contra el terrorismo en Nicaragua, lo que habría destruido al país.

Esto mismo está sucediendo ahora en Venezuela. Los grandes periódicos que se ocupan de América Latina, como el Miami Herald, dicen que Estados Unidos está apoyando «elementos pro-democracia anti-Chávez». Es una lógica de imposibilidad: pro-Chávez y pro-democracia es lógicamente imposible porque la línea política estadounidense es completamente opuesta. Poco importa si Chávez ha tenido casi el 80 por ciento de popularidad o que Venezuela guíe el continente entero, apoyando gobiernos que han sido democráticamente elegidos. Esto es irrelevante. Lo que viene de Washington, del líder, es la verdad única y los periódicos se doblegan y siguen cuanto les dice el gobierno. De manera que los únicos elementos pro-democracia son anti-Chávez y así la subversión sigue siendo bastante evidente.

Es interesante analizar la reacción de Occidente. Supongamos por un momento que Irán hubiera patrocinado un golpe militar en Estados Unidos, hubiera derrocado el gobierno y lo hubiera obligado a retirarse. Imaginemos que Irán hubiera comenzado a proporcionar enormes recursos para mantener elementos pro-democracia en contra de Bush en Estados Unidos. No es ni siquiera imaginable. Para contemplar estos hechos y no comprender lo que son en realidad es necesario tener una mentalidad imperialista, una profunda, pura y radical mentalidad imperialista que tenga cientos de años de experiencia en aplastar a las personas bajo sus propias suelas.

S.B.: ¿Cómo ve la influencia del gobierno de Hugo Chávez sobre los países cercanos? ¿Hay posibilidades de que se dé una verdadera integración?

N.Ch.: La oposición a Estados Unidos se está difundiendo por las regiones del Sur. Bolivia ha elegido hace poco a su nuevo líder popular de centro izquierda. Los indígenas de la región, que representan una parte enorme de la población, se están organizando por primera vez de manera unitaria, y están exigiendo sus derechos. Éste es el inicio de lo que alguno llama la «nación indígena» que va desde Bolivia hasta Ecuador, donde los indígenas son mayoría y no están interesados en que los recursos de las regiones sigan siendo robados por Occidente, sino que los quieren controlar ellos mismos y además ni siquiera están interesados en su explotación. Por eso, hacen presión para preservar su vida y la de su comunidad, y para mantener el control de sus propios recursos. Esto es aterrador para los poderes occidentales y para Estados Unidos, que están acostumbrados a tratar al resto del mundo como si fuera su campo de juego, tomando lo que quieren, aplastando personas y diciendo alguna bonita frase sobre la democracia. En suma, haciendo lo que quieren.

Esto ya no funciona de Venezuela hacia abajo, hasta Argentina, y es bastante probable que veamos un gobierno de centro-izquierda elegido pronto en México. Las únicas áreas que Estados Unidos tiene todavía bajo control son Centroamérica –esto se debe a una década de guerras brutales y asesinas llevadas a cabo por la administración Reagan, que causaron la muerte de cientos de miles de personas y devastaron sociedades enteras– y Colombia, que se evidencia como un país que todavía no se ha separado, y que no ha comenzado a avanzar hacia su propia independencia. Hay muchas otras cosas que están ocurriendo y todo ello forma parte de un modelo mundial fuertemente adverso a Estados Unidos. Por primera vez en su historia, América Latina está comenzando a integrarse. Los modelos coloniales de los españoles primero y después sucesivamente de los ingleses, franceses y demás habían creado un sistema en el que los países latinoamericanos estaban orientados hacia las potencias occidentales que los controlaban y no los unos hacia los otros. Ahora está comenzando la integración. América Latina tiene enormes recursos, grandísimas opresiones, desigualdades, violencia y poquísima interacción, pero este sistema está siendo derrocado.

Es difícil. Ha nacido una unión de las naciones pero hasta el momento sólo está sobre el papel; aun así comienza a haber una forma que es apoyada por otras fuerzas externas, en especial por China, que está particularmente hambrienta de recursos y no es como Europa, que puede ser intimidada por Estados Unidos. Este país dice lo que hay que hacer y Europa generalmente obedece, a veces con ejemplos extremos como el de Berlusconi. Hasta el más independiente de los países europeos siempre teme ofender al «master», pero China no puede ser intimidada. Ésta es una de las razones por las que Estados Unidos está tan obsesionado con China. No es una amenaza militar, sino que simplemente rechaza la intimidación. Así que cuando Wahington intenta aislar a Irán, las multinacionales europeas comienzan a retirar sus inversiones (por ejemplo, la British Petroleum). China, sin embargo, permanece o comienza a invertir. Lo mismo ocurre en América Latina. El comercio entre China y la región está creciendo.

S.B.: Sobre todo con Venezuela…

N.Ch.: Venezuela está enviándole petróleo y China está comenzando a invertir allí. Desde 1970, Venezuela ha sido siempre una de las mayores fuentes energéticas de Estados Unidos. Ahora las cosas han cambiado, aunque siempre ha sido el principal proveedor y tiene los recursos más grandes de la región. Bolivia tiene enormes recursos de gas natural que hasta ahora no han sido explotados por Estados Unidos, aunque esperan hacerlo lo antes posible, y en el resto de países hay también otros tantos recursos. Los acuerdos con China están despegando lentamente, así como las relaciones con Europa, y también están naciendo relaciones Sur-Sur.

S.B.: Y esto es realmente nuevo…

N.Ch.: Absolutamente nuevo. Brasil, Sudáfrica e India, entre otros, están formando una alianza independiente del Sur. Y todo esto se está escapando al control de Washington. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos dio por descontado un control casi total del planeta, a excepción de algunos sectores de Europa del Este. La amenaza de Venezuela para Estados Unidos es todavía más grande y tiene que ver con sus relaciones con Cuba. Estas relaciones escandalizan a Washington, pero si las analizamos nos damos cuenta de que han sido bien estudiadas. Ambos usan los puntos fuertes: Venezuela manda petróleo y Cuba envía personal altamente cualificado, alta tecnología médica, doctores, profesores… Es una relación muy natural que se está difundiendo por toda la región. Venezuela está creando programas bajo el nombre «Operación Milagro», en los que médicos cubanos con financiación venezolana van a lugares como Jamaica, encuentran personas ciegas que pueden ser curadas con cirugía, las llevan a Cuba, las curan y las vuelven a enviar a Jamaica. Todo esto aterroriza a Estados Unidos.

S.B: Parece ser la primera vez que alguien utiliza el petróleo como un medio de integración y no como algo que genera conflictos y guerras.

N.Ch.: El petróleo se ha utilizado generalmente sólo por dos razones: para llevarlo hacia Occidente y los países ricos, y para enriquecer a los intermediarios locales. Éste es el modelo de Oriente Medio y de Venezuela. Por esto Venezuela, que es potencialmente un país muy rico, ha tenido siempre un sector de ricos muy pequeño que vive muy bien, y una enorme masa de personas fuertemente empobrecidas. En Caracas, el centro parece muy bonito, como el de Bogotá, pero si sales y vas a las colinas la miseria es increíble. Éste es el modelo del petróleo, enriquece a la elite local y fluye a través de las multinacionales hacia Occidente, en donde contribuye al desarrollo industrial.

Ha habido esfuerzos hacia un cambio. Nasser en Egipto fue temido y comparado con un nuevo Hitler, principalmente porque su nacionalismo estaba orientado a utilizar los recursos de la región, como el petróleo de Arabia Saudí, en la propia región, y no para enriquecer a Occidente y a las pequeñas elites locales. Tal era la razón por la que había que destruirlo. Esto marcó el nacimiento de la alianza entre Estados Unidos e Israel. Y como bien has dicho, esto es lo que está ocurriendo ahora en Venezuela. Por primera vez, este país está utilizando los recursos energéticos para su desarrollo –podemos debatir si con mayor o menor éxito– pero los recursos se utilizan en reconstrucción, salud… Existe también un cierto nivel de participación en el control de la industria petrolífera por parte de los trabajadores. De nuevo se puede discutir el éxito de estas políticas, pero el objetivo del programa es claro y esto trastorna a Washington. La idea de que los recursos de un país deban ser utilizados por la gente de ese país da miedo de verdad. «Los recursos de Venezuela deben ser utilizados por nosotros». Eso está claro en todos los niveles políticos, también para los que llamamos liberales o humanistas. George Cannon, considerado un héroe liberal, fue uno de los principales planificadores de finales de los años cuarenta; su posición sobre América Latina era que debíamos apoyar gobiernos militares para proteger nuestros recursos, y si para hacerlo era necesario recurrir a medidas militares y fuertes represiones, éstas serían bienvenidas. Durante la Guerra Fría teníamos que protegerlos de los comunistas, pero por comunista se entendía cualquiera que se interpusiera en nuestro camino. Así que tenemos que proteger nuestros recursos con represión si es necesario. Ésta ha sido también la planificación de los extremistas liberales y no ha cambiado hoy. Venezuela está rompiendo el modelo y es un grave problema para Estados Unidos, pues Chávez es muy popular.

S.B.: ¿Es posible que la popularidad de Chávez en América Latina y sus políticas de integración a través de acuerdos petrolíferos puedan de alguna manera ayudar a otros presidentes de centro-izquierda de la región y mantener una política más de izquierda?

N.Ch.: Es difícil hacer previsiones, pero ciertamente Chávez ha hecho presión en esta dirección. Podemos estar seguros de que Estados Unidos intentará pararlo de cualquier manera. Si echamos un vistazo a las compras norteamericanas en América Latina nos daremos cuenta de que estamos frente a un cambio. En el apogeo de la Guerra Fría la ayuda económica era notablemente superior a la militar; ahora es más o menos lo mismo, la ayuda militar ha aumentado y llega principalmente a Colombia y a los países que apoyan sus esfuerzos. Las ayudas militares han crecido mucho, pero también la presencia de militares estadounidenses. También el adiestramiento de los militares latinoamericanos ha cambiado. Su preparación fue un trabajo duro –la gente debería saber estas cosas, pero la presión del Congreso puso restricciones–, el adiestramiento lo efectuaba el Departamento de Estado y teóricamente había una supervisión del Congreso que imponía condiciones basadas en los derechos humanos. Estas medidas se aplicaban someramente, pero tenían algún efecto. Ahora la preparación de los militares latinoamericanos es responsabilidad del Pentágono, no existen restricciones o supervisiones, y si quieren enseñar métodos de tortura no hay problemas, nadie lo sabrá nunca. El paso de esta responsabilidad al Pentágono significa que la condición de los derechos humanos desaparece. Ahora el Pentágono está revisando la finalidad de los adiestramientos. Hace tiempo se hablaba de «defensa hemisférica» –a lo mejor contra los marcianos–, después Kennedy cambió la defensa hemisférica por la seguridad interna, que significaba combatir contra su propia población, terrorismo de Estado. Hoy la finalidad ha cambiado de nuevo y se habla de «guerra contra la droga», pero en realidad se centra en temas sociales: grupos radicales, formaciones sociales, activistas, sindicalistas son el objetivo. Todo es muy explícito y está bajo el control del Pentágono. Así que no sabemos nada de lo que está sucediendo ahora en la famosa «School of the Americas». Éstos son cambios reales y están relacionados con la creciente preocupación de Estados Unidos por estos movimientos independentistas e integracionistas en Latinoamérica.

El núcleo todavía es Colombia que desde los noventa, bajo la administración Clinton, ha recibido ayudas militares superiores a todas las del hemisferio sur en su conjunto y éstas llegaron por la denominada «guerra contra la droga». Esto es un escándalo. Sólo la idea de una guerra de ese tipo es un escándalo. En Colombia muere más gente por el uso del tabaco producido en Estados Unidos que los que mueren por el consumo de la cocaína colombiana en Estados Unidos. ¿Esto daría derecho a los colombianos a lanzar una guerra química en Kentucky o en Carolina del Norte para destruir el tabaco y echar a la gente de su tierra? Es ridículo y sin embargo EE.UU. lo considera razonable, y sostiene que esta guerra contra las drogas se hace con consentimiento del gobierno colombiano. Pero es una broma de mal gusto, porque si el gobierno colombiano no estuviera de acuerdo, entonces, le diría adiós al gobierno colombiano.

S.B.: A menudo Ud. ha afirmado que la región andina será el próximo interés del gobierno de Bush, una vez esté fuera de Irak, ¿piensa todavía lo mismo?

N.Ch.: Antes de la invasión de Irak yo creía que ésta no iba a durar más de tres días. Una de las razones de Estados Unidos para la invasión fue la de que el país estaba completamente sin defensas. Después de duros bombardeos y de un fortísimo embargo, el país era controlado con mucho celo. Imaginaba que iba a durar poquísimo y que Estados Unidos habría mandado a exalumnos de MIT para sistematizar el sistema eléctrico y después habría guiado un Estado satélite. Pero se transformó en una de las peores catástrofes de la historia. Es increíble, está inmovilizado, Estados Unidos no puede irse sin establecer un Estado satélite basado en el modelo centroamericano o el de los países de Europa del Este, con una democracia formal que haga parecer que las cosas funcionan del modo justo. No pueden irse y dejar el petróleo de Oriente Medio en manos de una serie de gobiernos chiítas que controlan Irán, Irak y Arabia Saudí. Están en serios problemas. He pensado que el próximo paso de Estados Unidos sería la región andina, pero en estos momentos es imposible, están inmovilizados. Es una oportunidad de crecimiento en la integración de la región.

S.B.: ¿Podemos decir que Colombia es utilizada en manera parecida a Israel, o sea como un factor de inestabilidad regional, con la tarea de presionar a los países vecinos? También se habla de un posible conflicto entre Colombia y Venezuela, creado y alimentado para permitir una intervención de Estados Unidos con el supuesto fin de defender la democracia colombiana.

N.Ch.: Creo que a Estados Unidos le gustaría mucho hacer algo parecido a esto, pero simplemente no puede. El solo control de Colombia es un problema suficientemente grande. Estados Unidos todavía no ha logrado tomar su control. Para entender cuán poco las intervenciones estadounidenses tienen que ver con la lucha contra la droga es suficiente notar que gran parte de la producción de droga se da en áreas bajo el control paramilitar, pero las operaciones del Plan Colombia son más que todo desarrolladas en contra de pobres campesinos en el sur del país, en las regiones del Putumayo y Cauca, entre otras. Las llaman fumigaciones, pero es fundamentalmente una guerra química. Yo estuve ahí y lo vi y estoy seguro de que tú también lo hiciste. Los agentes químicos que dispersan mercenarios norteamericanos de multinacionales como DynCorp destruyen cultivos de cualquier tipo en áreas muy grandes, acabando con la biodiversidad. Todo esto es muy grave. Colombia es uno de los lugares con mayor biodiversidad en el mundo. Todo esto es destruido, los campesinos padecen serios problemas de salud, los niños mueren y los adultos sufren graves heridas sobre sus brazos.

Esta población rural es obligada a huir y a agrandar el ya enorme número de desplazados. Casi tres millones de personas son obligadas a vivir en áreas degradadas urbanas, una de las más grandes poblaciones desplazadas del mundo. Una vez se aleja a la población hacia las ciudades, llegan las grandes compañías petroleras y mineras que empiezan a explotar las montañas y el subsuelo, o llegan la Monsanto y otras compañías de la industria agraria que plantan cultivos intensivos para la exportación de productos probablemente alterados genéticamente.

Es un típico modelo colonial, en el cual los ricos locales se vuelven más ricos y las compañías extranjeras acumulan capitales enormes. Los campesinos, si sobreviven, se tienen que ir. Los indígenas, los campesinos y los afro-descendientes se están organizando, por ejemplo en el Cauca los indígenas se organizan de manera muy eficiente. Pero no hay mucho que se pueda hacer para pelear contra un plan de destrucción llevado adelante por mercenarios bajo el pretexto de la lucha contra la droga.

El efecto de las fumigaciones es el de crear nuevos cultivos ilegales en áreas más internas de la selva colombiana, porque la gente tiene que sobrevivir de alguna manera y las ayudas para desarrollar cultivos alternativos son muy reducidas.

Los campesinos no tienen ningún interés particular en la producción de plantas de coca para la exportación, pero tienen que sobrevivir, alimentar a sus hijos. Si fuéramos serios, la manera de enfrentar este problema sería dando alternativas, ayudas para cultivos alternativos. Los fondos para estos programas son muy reducidos. Me di cuenta de esto hace muy poco. Creo que los subsidios de la Unión Europea por el tabaco son superiores a todas las ayudas globales para el desarrollo de cultivos alternativos.

Si quieren dar subsidios a un monstruo asesino como el tabaco, está bien, pero el hecho de que estos subsidios sean superiores a todas las ayudas a los campesinos colombianos para no cultivar la coca nos dice mucho sobre la farsa que es toda la guerra contra la droga. El único efecto ha sido limpiar la tierra de los campesinos, sacarlos y destruir la biodiversidad, para que estas áreas queden listas para la explotación de los recursos por parte de las multinacionales.

S.B.: ¿Y cuál es el papel de los paramilitares en todo esto?

N.Ch.: Colombia tiene una historia muy complicada, una historia de violencia que empieza en el siglo pasado, fue extrema en los años cincuenta, cuando fueron asesinadas decenas de miles de personas. De alguna manera la violencia está radicada en la sociedad. Colombia es un país muy rico en recursos como petróleo, productos agrícolas, esmeraldas y cualquier otro tipo de mineral, pero ha sido siempre manejado por una restringida elite de personas riquísimas, relativamente blancas, que vive en el lujo más grande, mientras que la mayor parte de la población vive en la miseria. Ésta es una situación que alimenta los conflictos, los grupos rebeldes, la represión. La situación, que ya era grave, se volvió peor en 1962, cuando Kennedy cambió las finalidades del entrenamiento de los militares latinos hacia la seguridad interna. Específicamente en Colombia, Kennedy envió en misión sus fuerzas especiales lideradas por William Yarborough, para preparar y aconsejar a los grupos paramilitares, y utilizó exactamente esta frase: «desviar hacia el terror paramilitar» en contra de aquellos que venían definidos como: «sostenedores no-comunistas» que en el contexto anti-guerrillero significa: curas que trabajan con los campesinos, activistas de los derechos humanos, líderes sindicales, etc. Todos estos son sostenedores no-comunistas y en contra de ellos se desencadenó la violencia paramilitar. Ésta es la herencia que dejó Kennedy en Colombia. Existen experiencias parecidas en otros lados, por ejemplo apoyó el golpe en Brasil, el cual se realizó poco después de su muerte. Pero este fenómeno en Colombia ha sido particularmente perverso y ha cambiado la forma del conflicto que se volvió mucho peor con el pasar de los años debido a la transformación de los paramilitares en una fuerza imponente. Los “paras” soy muy cercanos al Ejército, hasta el punto que Human Rights Watch los definió como la sexta división del Ejercito colombiano, en adición a las cinco oficiales.

S.B.: Por último ¿qué opina sobre los movimientos sociales en Colombia? Antes habló de los indígenas del Cauca, yo sé que se encontró con algunos representantes de la comunidad de San José de Apartadó. Hay un número cada vez mayor de comunidades de paz que rechazan a todos los actores armados del conflicto: guerrilleros, paramilitares y también al Ejército, que muchas veces ha estado involucrado en las masacres sufridas por estas comunidades. ¿Qué opina de estas comunidades y del padre Javier Giraldo?

N.Ch.: El padre Giraldo es una persona extremadamente valiente que guió por años la organización conocida como «Justicia y Paz», fundada por la comunidad Jesuita, y que ha sido amenazado de muerte de manera constante, tanto que la orden de los jesuitas lo llevó fuera del país, pero él insistió en volver a Colombia y así lo hizo. Hay muchos como él. Los esfuerzos de la comunidad consisten principalmente en mantener afuera a los grupos armados: guerrilla y paramilitares. Es peligroso, muchos han sido asesinados y sufren acciones de violencia en su contra, pero representan un avance significativo frente al conflicto.

La primera comunidad de paz ha sido San José de Apartadó. No logré visitarla, estaba bajo asedio militar la última vez que fui por allá y no hubo manera de ingresar, pero el padre Giraldo logró llevar a un par de personas de la comunidad hasta Bogotá y me reuní con ellos ahí.

La comunidad imploraba ayuda y me sentí muy mal por no haber podido hacer nada más que firmar una petición. Me describieron la situación de su pueblo bajo asedio, con los niños hambrientos y alguien que de vez en cuando ingresaba, generalmente militares, pero también guerrilleros y “paras”; iban, mataban a alguien simplemente para demostrar su presencia. Sin ayuda externa será verdaderamente difícil para esta comunidad sobrevivir. Y ésta es una responsabilidad de Occidente. Ellos representan un grandísimo avance no violento y serán aplastados con la fuerza si no reciben ayuda desde el exterior. Esto se puede hacer pero para ello se requiere de atención y organización por parte de personas seriamente comprometidas con los derechos humanos. Una presión sobre el gobierno colombiano por parte de Occidente haría la diferencia en la protección de estas comunidades y su expansión. Esto podría reducir significativamente el conflicto que tanto aflige a Colombia hace tanto tiempo. Este conflicto no termina solamente porque Estados Unidos lo tolera y de alguna manera lo alimenta con una increíble ayuda militar.

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