Niños en violencia armada en Colombia: un problema social y de Estado

Niños en violencia armada en Colombia: un problema social y de Estado

Carola Mittrany

Tomado de COAV
Ivan Ramírez
– Ivan Ramírez
El tema de la violencia armada organizada, particularmente en el caso de Medellín, Colombia ha sido estudiado con especial interés a partir de la década de los 90, años en que la ciudad vivió los más altos índices de confrontaciones y de homicidios.

Allí se involucran actores de la llamada violencia política (milicias y guerrillas), de grupos paramilitares y de bandas delincuenciales más ligadas a la llamada violencia social, que de una u otra manera establecen relaciones de cooperación, subordinación o de confrontación entre si. En todos estos grupos la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto es una problemática que exige un estudio más profundado que posibilite el diseño de políticas y programas de prevención y rehabilitación adecuados.

En esta entrevista Iván Ramírez, de la Coalición Internacional para Acabar con el Uso de Niños Solados, nos habla sobre su experiencia como investigador local de COAV en Colombia.

Ivan Ramírez
COAV - ¿Cuáles fueron las mayores dificultades al levantar datos para la investigación?

IR - La inexistencia de estadísticas precisas en los organismos municipales encargados. Los sistemas de información son precarios y adicionalmente no cuentan con información específica sobre niños y niñas. Por lo demás no existen otros sistemas alternativos de información en la ciudad. Cuando fui a entrevistar la funcionaria responsable en el tema de políticas, solo me entregó un documento, pero no aceptó la entrevista. Tampoco tenía mucho que decir.

¿Cómo se dieron las entrevistas con los niños y jóvenes involucrados?

Nos encontramos en la mayoría de los casos la necesidad de contactar primero a los jefes o un adulto cercano para que autorizara poder hacer las entrevistas. En todo caso hubo advertencias sobre nombres, fotografías y en unos casos solicitaron dinero. Por otro lado, la entrevista con la niña no pude hacerla yo sino la asistente, que por coincidencia era una mujer. Es muy difícil que las mujeres (niñas en este caso) hablen con hombres.

Al entrar en contacto con las fuentes de información primarias, ¿qué fue lo que más llamó la atención?

Adolescentes que se comportan como adultos y asumen su función en el grupo armado como un trabajo laboral y del cual se ven convencidos y satisfechos. También la insistencia de muchos de ellos en no querer involucrar a sus hermanos menores en las mismas historias.

¿Qué asuntos fueron más delicados de abordar?

Una cosa es preguntar si han usado el arma y encontrarse un cierto gesto de poder. Otra cosa es abordar el tema de la muerte. ¿Has matado? Es una pregunta difícil, dura para interpelar. Yo creo que es aquí donde se expresa el clímax de la problemática. ¿Donde queda el derecho fundamental de los derechos humanos? Expresa una condición humana muy cultural en estos casos. El valor de la vida y el concepto de sobrevivencia.

¿Qué observaciones pudiste delinear a partir de las entrevistas?

Los investigadores tenemos el doble deber de ser sensibles, de leer mas allá de las imágenes iniciales y a la vez ser responsables en el análisis y en la formulación de propuestas. Nosotros tenemos la obligación de problematizar y buscar alternativas. Una de ellas es colocar el tema en la agenda pública y además de insistir en la urgencia y pertinencia de un trabajo de prevención. Los niños y niñas necesitan hablar y expresarse. Además les gusta. Hablar de esas cosas, aunque no es para exorcizarlas, creen ellos, les coloca en cierto lugar de representación. Así que cuando las condiciones y los permisos de los jefes se dan, en general la información fluye.

¿Y como se dio la relación con las fuentes primarias?

Se establece una relación que no puede transcender. Sin embargo, cuando pregunté por uno de los chicos y el contacto me dijo que lo habían matado, me sentí impotente y un poco responsable. Piensa uno, “llegué tarde” o “llegamos tarde”. Pero entiende también que es un problema social y de Estado.

¿El estudio elaborado para el Proyecto ha tenido alguna consecuencia práctica localmente?

A raíz de una campaña oficial apoyada por UNICEF - que se lanzó, pero no funciona - acerca de la prevención de la vinculación de los niños y niñas a la guerra se ha logrado un acercamiento con la Defensoría del Pueblo en el marco de un Programa por la reivindicación de los derechos de la niñez y en particular contra la violencia infantil. Lo que vamos a hacer es compartir privadamente el trabajo y discutir algunas líneas de actuación. También estamos trabajando con la Campaña Colombiana contra el uso de minas antipersonales en un foro público para problematizar sobre el tema.

¿Que logros vislumbras a nivel internacional?

La investigación ya alcanzó algo importante. Darle la dimensión a la problemática más allá de los tratados internacionales. A mi ver, la similitud en las experiencias nos señala que esta problemática es propia de las sociedades “modernas” y que se expresa en contextos de globalización.

Y una vez concluido el estudio, ¿qué es lo que sigue?

Ahora se trata de diseñar una estrategia nacional e internacional para posicionar el tema. Algo así como “Más allá de los niños soldados: Los niños en violencia armada organizada y el mundo discutiendo conceptos”. ¿Cuántos se vinculan cada año? ¿Cuántos mueren? ¿Qué saben nuestros gobiernos de ello? ¿Y Qué hacen? Se sabe que en Ruanda les cortan los brazos a los niños de tribus enemigas, para que cuando sean adultos no sean soldados. Ni eso les dejan ser.

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