“Me sueño crecer al menos y poder vivir por ahí hasta los 13 o los 14 porque esto está muy caliente.

Juan Antonio Sánchez, enviado especial-Pereira

Tomado de El Colombiano
“Me sueño crecer al menos y poder vivir por ahí hasta los 13 o los 14 porque esto está muy caliente. Y ¿qué futuro veo? …Pues me quiero ir de por acá. Estoy esperando a que mis papás me saquen, hacer una vueltica y conseguir con qué”, relató Daniel (en la imagen) el pasado jueves a EL COLOMBIANO.
A Daniel le cobró la vida la ruleta

Su sueño, aparte de crecer, era poder vivir hasta los 13 o 14 años.
Se trata de Daniel Estiven, de 12 años, muerto de un tiro, el domingo.
Tres días antes de su muerte, EL COLOMBIANO entrevistó al menor.

Por
Elizabeth Yarce

Uno de los sueños de Daniel Estiven, conocido con el alias de Chinga, era llegar al menos a los 13 o 14 años. Pero su meta fue ambiciosa: murió el domingo, a los 12 años, durante un juego de ruleta rusa, con pistolas de verdad.

Su deseo lo había relatado a EL COLOMBIANO el pasado jueves durante una entrevista en el sector de San Diego, en Dosquebradas (Risaralda), donde con otros jóvenes decía rebuscarse la vida en la banda de Guadualito.

Por una fatal coincidencia hoy está muerto. Según relató uno de los habitantes del sector, “al niño lo sacaron de la pieza donde estaba viviendo, lo cogieron entre tres y lo pusieron a jugar ruleta (poner un arma con una bala en el tambor). Le dijeron que si perdía se tenía que pegar un tiro. Si ganaba se libraba de la ejecución. Pero el que estaba al lado le disparó, parece que fue alias el Demonio el que lo hizo y se voló”.

Las autoridades investigan el hecho y por el momento el comandante de la Policía de Risaralda, coronel José Antonio Poveda, explicó que se trató de una práctica común en varias bandas delincuenciales. Pero será la Fiscalía la que determine si fue un juego o una forma que eligieron los miembros de la banda para darle muerte sin levantar sospecha.

“Me quiero ir”
Hasta el jueves, Daniel Estiven esperaba salir del barrio en compañía de sus padres y así lo narró:

- ¿Cuántos años tienes?

- Cumplí los 12 ayer.

- ¿Y hubo fiesta?

- Fiesta… oigan a ésta.

- ¿Estudias?

- Estudié hasta primero no más. Iba pasar a segundo pero no hubo cómo.

- ¿Por qué estás en la banda?

- Porque esos chinos de arriba me esperaban y decían ahí viene la trampa y me cascaban y me encendían a golpes. Uno se cansa. Busqué protección en este combo.

- ¿Y tienes un sueño?

- Sí tengo un sueño: crecer y poder darles pata a todos esos manes (…) Porque ellos me han pegado mucho y se han aprovechado de mí.

- Pero a futuro ¿qué más quisieras ser?

- Me sueño crecer al menos y poder vivir por ahí hasta los 13 o los 14 porque esto está muy caliente. Y ¿qué futuro veo?… Pues me quiero ir de por acá. Estoy esperando a que mis papás me saquen, hacer una vueltica y conseguir con qué. Mi papá, si pilla, está haciendo una vuelta para llevarme lejos.

- ¿Y no vives con ellos?

- No. Yo estoy aquí con los del combo porque para el lado de allá me tienen fichado como una trampa (el que va y lleva información) y eso no es así.

- ¿Qué haces con lo que ganas en la banda?

- Me toca llevar plata a mi casa. Pero aquí, como estoy viviendo solo, me toca conseguir al menos para el desayuno. Yo consigo plata conspirando en la esquina”.

- ¿Cuál es tu trabajo en la banda?

- Por ahora, campanero. Yo les aviso si vienen los tombos, o los manes del otro combo. Ellos me dejan pedir y rebuscármela (robo) aquí en la esquina y me protegen. Todavía no sé agarrar bien las armas, pero cuando lo haga será otro cuento.

- ¿Qué piensas de la paz?

- Están diciendo a toda hora que la paz. Pero cuál paz si dicen que no hay paz. Esos chinos del otro combo se bajan y me cascan y uno no puede relajarse porque chao, me mandan para el otro lado (matan). Esperemos a ver si me voy.

Gloria Holguín, la madre del menor, dijo que por amenazas no podía ingresar al sector donde vivía el pequeño. Pero con su esposo hacía un esfuerzo para poder llevárselo de allí. Y así lo harían hoy martes.

En cambio, tuvo que recoger su cuerpo en el hospital de Santa Mónica, de Dosquebradas, adonde lo llevaron integrantes de una de las bandas de Guadualito-San Diego para que fuese atendido. Pero los médicos no pudieron evitar la muerte.

Daniel Estiven, quien no medía ni un metro con 50, fumaba a cada rato, tenía que estar alerta y no podía jugar con los demás niños. En cambio, en un juego de adultos le arrebataron la vida.

En Dosquebradas, donde vivía, las autoridades estiman que más de 200 niños están en combos y pandillas y como Daniel sueñan con ser adultos.

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